Año dos mil ocho, la urbe avanza el año. Marzo es marzo para todos. Aunque no signifique un cambio muy importante para muchos es asumido en general como el momento en que el año se ordena lo cotidiano, encuentra su lugar con una rigurosa y muy bien señalada planificabilidad.
Aprovechando la espera necesaria para entregar un Fondart me doy la vuelta por Manchaca Lira a ver que hay y no hay. Pero no hay. Me vuelvo al centro decepcionado de la poca seriedad con que algunos se toman el inicio del año “laboral”, inclusive las galerías de arte que no operan durante el verano.
Lo que queda es esperar a que abra la galería de la plaza y ver si hay algo para ver o para tomar (tomar prestado). Y en efecto hay un explícito título: “Torbellino visual” que me hace precaver de lo que vendrá.
La muestra corresponde a una colectiva presentada por Plástica XXI y cuya temática es la feria Pinto de Temuco.
Cuento 22 obras, 21 cuadros y 1 objeto-escultura. Todos los cuadros se aproximan al 1x 1 m aunque hay algunos que se componen de fotografías y que el marco se ha extendido hasta hacer la medida estándar (que según entiendo es la medida exigida por la convocatoria)
La primera impresión es rápida: una xilografía cenital, una obra con mail escrito a un lado (descuido o publicidad?), las firmas de los autores en general son bastante notorias, exageradamente grandes en algunos casos, naturalezas muertas (sólo de relación estomacal), kultrunes y más mapuchismo, pintura esforzada, casera…
En general el desarrollo de la temática es muy monótono. La feria Pinto es reconocida-representada como lugar relacionado con la comida, el abastecimiento de vegetales, el comercio menudiento, espacio reducido, frutas, verdores. Se repiten escenas con mujeres sentadas vendiendo o esperando vender.
Se activan ciertas referencias desde la memoria, impresiones de la infancia que marcan afecto con el lugar, la identidad fronteriza, lo mapuche, y también, muy interesante aunque poco desarrollado, referencias a lo bajo, lo sórdido, el julepe y el intercambio de mercancías sexuales, como no.
En conclusión no hay mucho para ver ni decir. A no ser por la detención a leer los comentarios que dejan los visitantes de la galería: turistas, estudiantes, legos, diletantes y habituales. Si bien la mayoría de los textos reafirman el carácter popular de la galería o bien son constataciones del tipo “yo estuve aquí” hay algunos que sorprenden por la caracterización precisa de lo que se exhibe y otros ante los cuales no se puede dejar de sonreír.
A continuación algunas muestras, solo extractos clasificados según sea la referencia hacia las obras, los artistas o la galería:
- En cuanto a las obras y la exposición en general “se ve diversidad de técnicas pero monotonía temática”, está presente la “cultura del pueblo de Temuco”. Para otros los trabajos “no tienen gracia y es chanta” y en conjunto “es como entrar a la sala de kinder y ver los trabajos de los niños”
Hay diferencias de técnica que inclina la simpatía por calidad hacia las fotografías pues “lo mejor son las fotos” y la cuota de perplejidad necesaria la aporta el único objeto de la muestra pues “no entendí la cosa roja”.
- Para los artistas hay entusiasmo, “vivan los artistas populares” y reclamo por la necesidad de que “debería haber más espacio para los artistas”. También hay atisbos de clasificaciones y proyecciones “tales… tienen chance, pintan. El resto sólo hace esfuerzos”
- El lugar de exposición, en tanto, sólo recibe elogios: “nunca había entrado a esta galería en los 10 años que vivo en Temuco. La encontré muy linda y los cuadros están muy simpáticos”
“qué bueno que haya espacio para el arte en esta ciudad tan fome”
Arte popular, de aquel acento de diario provincial, escrito para las tradicionales buenas personas, donde todo apunta a conservar la familia y se valora la infancia y “lo nuestro”.
Con todo, el espacio urbano de la feria representa un lugar que no puede ser fácilmente abordado desde lo moderno o contemporáneo en relación con la ciudad. Más bien es algo que queda en lo popular, en lo local, en la tradición, en lo representacional y la memoria oral. Sólo podemos notar que los pintores autodidactas quedan al descubierto en su estancamiento en la elección de temas costumbristas, dando la espalda a la posibilidad de establecer diálogos de interés o mínima proyección en una escena artística local que se va diferenciando cada vez más y donde lo realmente tensional está en el polo opuesto al torbellino visual precedente, en los blogs que convocan, questionan, comentan, difunden lejos del aprecio popular.
Aprovechando la espera necesaria para entregar un Fondart me doy la vuelta por Manchaca Lira a ver que hay y no hay. Pero no hay. Me vuelvo al centro decepcionado de la poca seriedad con que algunos se toman el inicio del año “laboral”, inclusive las galerías de arte que no operan durante el verano.
Lo que queda es esperar a que abra la galería de la plaza y ver si hay algo para ver o para tomar (tomar prestado). Y en efecto hay un explícito título: “Torbellino visual” que me hace precaver de lo que vendrá.
La muestra corresponde a una colectiva presentada por Plástica XXI y cuya temática es la feria Pinto de Temuco.
Cuento 22 obras, 21 cuadros y 1 objeto-escultura. Todos los cuadros se aproximan al 1x 1 m aunque hay algunos que se componen de fotografías y que el marco se ha extendido hasta hacer la medida estándar (que según entiendo es la medida exigida por la convocatoria)
La primera impresión es rápida: una xilografía cenital, una obra con mail escrito a un lado (descuido o publicidad?), las firmas de los autores en general son bastante notorias, exageradamente grandes en algunos casos, naturalezas muertas (sólo de relación estomacal), kultrunes y más mapuchismo, pintura esforzada, casera…
En general el desarrollo de la temática es muy monótono. La feria Pinto es reconocida-representada como lugar relacionado con la comida, el abastecimiento de vegetales, el comercio menudiento, espacio reducido, frutas, verdores. Se repiten escenas con mujeres sentadas vendiendo o esperando vender.
Se activan ciertas referencias desde la memoria, impresiones de la infancia que marcan afecto con el lugar, la identidad fronteriza, lo mapuche, y también, muy interesante aunque poco desarrollado, referencias a lo bajo, lo sórdido, el julepe y el intercambio de mercancías sexuales, como no.
En conclusión no hay mucho para ver ni decir. A no ser por la detención a leer los comentarios que dejan los visitantes de la galería: turistas, estudiantes, legos, diletantes y habituales. Si bien la mayoría de los textos reafirman el carácter popular de la galería o bien son constataciones del tipo “yo estuve aquí” hay algunos que sorprenden por la caracterización precisa de lo que se exhibe y otros ante los cuales no se puede dejar de sonreír.
A continuación algunas muestras, solo extractos clasificados según sea la referencia hacia las obras, los artistas o la galería:
- En cuanto a las obras y la exposición en general “se ve diversidad de técnicas pero monotonía temática”, está presente la “cultura del pueblo de Temuco”. Para otros los trabajos “no tienen gracia y es chanta” y en conjunto “es como entrar a la sala de kinder y ver los trabajos de los niños”
Hay diferencias de técnica que inclina la simpatía por calidad hacia las fotografías pues “lo mejor son las fotos” y la cuota de perplejidad necesaria la aporta el único objeto de la muestra pues “no entendí la cosa roja”.
- Para los artistas hay entusiasmo, “vivan los artistas populares” y reclamo por la necesidad de que “debería haber más espacio para los artistas”. También hay atisbos de clasificaciones y proyecciones “tales… tienen chance, pintan. El resto sólo hace esfuerzos”
- El lugar de exposición, en tanto, sólo recibe elogios: “nunca había entrado a esta galería en los 10 años que vivo en Temuco. La encontré muy linda y los cuadros están muy simpáticos”
“qué bueno que haya espacio para el arte en esta ciudad tan fome”
Arte popular, de aquel acento de diario provincial, escrito para las tradicionales buenas personas, donde todo apunta a conservar la familia y se valora la infancia y “lo nuestro”.
Con todo, el espacio urbano de la feria representa un lugar que no puede ser fácilmente abordado desde lo moderno o contemporáneo en relación con la ciudad. Más bien es algo que queda en lo popular, en lo local, en la tradición, en lo representacional y la memoria oral. Sólo podemos notar que los pintores autodidactas quedan al descubierto en su estancamiento en la elección de temas costumbristas, dando la espalda a la posibilidad de establecer diálogos de interés o mínima proyección en una escena artística local que se va diferenciando cada vez más y donde lo realmente tensional está en el polo opuesto al torbellino visual precedente, en los blogs que convocan, questionan, comentan, difunden lejos del aprecio popular.